Video Clase de Historia

Este video fue realizado por:
Diana Marcela Arias A.
Yonatan Duque V.
Tatiana Carolina Balvin.

Por medio de él queremos mostrar cuáles fueron los principales aportes de los teoricos de Palo Alto (California), principalmente los que tienen que ver con el interaccionismo simbolico y el lenguaje no verbal

Video Clase Historia

Este video fue realizado por:
Diana Marcela Arias A.
Yonatan Duque V.
Tatiana Carolina Balvin.

Link
http://www.youtube.com/watch?v=AEfdeR9ebVk

MAPA CONCEPTUAL MODELOS DE LA COMUNICACIÓN


TEORICOS Y MODELOS I

DAVID BERLO

*Nació en 1929.
*Discípulo de Wilbur Schcramm en la Escuela de Periodismo de la Universidad (Illinois)
*Se doctoró en 1956, con la tesis “Allocation of Procedural Responsibilities as a Determinant of Group Productivity and Satisfaction”, dirigida por Charles E. Osgood.
*En 1958 publicó “A philosophy of communication”
*En 1960, cuando apareció su libro más conocido, en el que hace la exposición de sus modelos teóricos sobre la naturaleza psicológica de la comunicación: “Process of Communication: An Introduction to Theory and Practice”
PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA

*La comunicación aparece en David Berlo como un proceso reglado (no como un simple acto) que permite al ser humano negociar su posición en el entorno en el que vive.
*La comunicación es un valor de interlocución, de poder, de influencia, de control... La eficacia o ‘fidelidad’ de la comunicación, no obstante, está sujeta a estrategias y no produce resultados ciertos, sino que puede estar avocada al fracaso, generalmente por incompatibilidad entre el propósito de quien emite y la disposición de quien recibe.
*La eficacia radica, en buena medida, en eliminar, en un sentido amplio del término, los ‘ruidos’ que pueden distorsionar el propósito comunicacional.
* Los alcances de la comunicación son, según este autor, de dos tipos: aquellos que se satisfacen en el hecho mismo de la comunicación y los que, más allá que transmitir un mensaje, dar a la comunicación un carácter instrumental y persiguen una respuesta concreta (cambio de actitud, consumo, voto político, etc.).




Berlo, a través de su modelo denominado ‘S•M•C•R’ (source-message-channel-receiver) distingue, pues, la acción del emisor y su estrategia e intención de la del receptor. Este último puede aparecer como destinatario ‘intencional’, esto es, objetivo directo del mensaje del emisor, o como ‘no intencional’, que es todo aquel al que llega el mensaje, aun cuando no figuren como objetivo de la comunicación. Berlo aplica este esquema al conjunto de los fenómenos de comunicación, incluida la interpersonal, por lo que, según los tipos, se produce una síntesis o simplificación en los procesos que definen el protocolo de la acción comunicativa. Desde una posición conductista, para Berlo el proceso sigue las pautas del aprendizaje, estableciendo relaciones de causalidad a partir de la aplicación de las pautas procesales.

La comunicación como proceso reglado se atiene a las pautas clásicas de la acción comunicativa (Shannon y Weaver), con una posición emisora (fuente), una mediación (codificador) que transforma la intención de la fuente en mensaje, a transmitir por un canal (medio o soporte), que debe ser decodificado para ser eficaz en la producción de comunicación sobre un receptor (audiencia) final. La idea de ‘ruido’, analizada en el plano físico por Shannon y Weaver como merma del mensaje, paliable mediante la redundancia en el flujo emisor, la lleva Berlo al plano de la fidelidad o eficacia en el fenómeno de la comunicación humana.
Berlo se acerca al modelo de Osgood, expuesto por Schcramm, que permite un refinamiento, rectificación o mayor sensibilidad y sintonía comunicativa en las sucesivas acciones del emisor. Berlo da un gran importancia a la recepción, y señala que “los significados no están en el mensaje, sino en sus usuarios”; esto es, la decodificación es el valor final y diferenciado que fija, por contraste con el propósito inicial del emisor, la eficacia de la comunicación.

Partiendo de los trabajos de Shannon y Weaver, así como de los de su profesor Osgood, Berlo planteó un modelo que buscaba explicar “las relaciones entre procesos de comunicación, aprendizaje y comportamiento.”

Los planteamientos del modelo de Berlo diferencian cuidadosamente los elementos de cada de uno de los componentes del proceso de comunicación. Uno de los puntos de partida se encuentra en las habilidades comunicativas. “Existen cinco habilidades verbales en la comunicación. Dos de estas son encodificadoras: hablar y escribir. Dos son habilidades decodificadoras: leer y escuchar. La quinta es crucial, tanto para encodificar como para decodificar: la reflexión o el pensamiento.



SCHRAMM
*Teórico norteamericano que estudió el problema de la comunicación al servicio del desarrollo
*Ejerció una influencia significativa en los foros de la UNESCO y en el discurso de las doctrinas de la comunicación pare el desarrollo surgidas en América Latina.
*Publicó en 1956 un libro de amplio eco académico -Four Theories of the Press-, en el que se relacionan sistemas políticos con sistemas de medios y se plantean cuatro modelos de prensa: el autoritario, el liberal, el comunista-soviético y el de responsabilidad social.
*Schcramm escribe únicamente de la comunicación, de los medios y del periodismo.

Modelo de Schramm
*Un mensaje central destinado para un grupo masivo y diverso.
*Un mensaje que fluye por diversos canales de comunicación (personalizados)
*Es un modelo circular de información que vuelve al inicio dentro de un proceso activo de retroalimentación.
*El primer modelo que se le atribuye, describe la comunicación como un proceso no direccional, sino más bien circular, donde emisor y receptor aparecen con carácter de simetría teórica, esto es, con capacidad dinámica de interlocución y diálogo. Está claro que el modelo piensa en las relaciones interpersonales y no es aplicable directamente a la comunicación masiva.

El receptor en el Modelo de Scharamm:
*Percibe un mensaje
*Interpreta un mensaje
*Analiza un mensaje
*Retransmite un mensaje basado en:
a.- Su formación educativa
b.- Su cultura
c.- Su visión personal

En:
http://www.infoamerica.org/teoria/berlo1.htm
http://comunicacionycultura.espacioblog.com/post/2007/05/31/modelo-berlohttp://www.infoamerica.org/teoria/schramm1.htm


INFORME DE CLASE # 1 -Feb. 04/2010-

A través de los tiempos y con la evolución de las sociedades, las maneras de comunicar han adoptado nuevas formas o modelos de interacción entre los elementos que conforman el proceso comunicativo, pues la influencia de diversos factores tales como las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), la globalización, el cambio de mentalidad en las personas de los últimos siglos, entre otros, han logrado penetrar esos modelos ya establecidos para generar cada vez cambios más notorios en la forma como la sociedad se nutre de información y conocimiento gracias al proceso flexible y multiviario denominado COMUNICACIÓN.

La pluralidad de pensamientos y su divulgación ha sido otro de los factores por los cuales la comunicación ha experimentado grandes cambios, convirtiéndose en una actividad de retroalimentación y perceptores infinitos, que puede transformarse y ser transmitida con eficiencia.
Los abordajes y tesis planteados por muchos de los teóricos de la comunicación han sido de gran utilidad para la conceptualización del verdadero significado de lo que fue, es y seguirá siendo la educación, los patrones comunicativos y las tecnologías de entretenimiento, información y educación.
La actual revolución mediática se ha encargado de cambiar o dar otros matices a las formas de ver el mundo debido a la fuerte influencia que ejerce sobre los individuos y sociedades.

Hoy por hoy el control del mundo lo tiene la tecnología con los novedosos sistemas que ofrece y a los que puede dársele cantidad de utilidades, pero que de una u otra forma cumplen la función de comunicar. Por otra parte, no se debe olvidar que la comunicación también “ha sido victima de la metamorfosis social”, anteriormente las ideas eran rudimentos sin conceptualización, lo cual no llevaba a obtener una adecuada y completa información, y a lo que también se sumaba la falta de elementos o herramientas para que hubiese una comunicación efectiva. Ahora, gracias a los cambios experimentados, a través de la comunicación, se comprenden gran cantidad de mensajes que contribuyen y/o llevan a organizar un trabajo colectivo y coherente con cargos cada vez más definidos, que le sirven al individuo para manejar con orden sus ideas, pudiendo así enseñarlas o darlas a conocer de forma oral, escrita y gestual.

PELÍCULA GOOD MORNING VIETNAM

RENACIMIENTO: ¿AUTODEFINICIÓN O AUTOENGAÑO?

El texto que se reproduce a continuación es un extracto de la versión española del capítulo titulado “Renacimiento’: ¿autodefinición o autoengaño?”, cuyo autor es el erudito estadounidense de origen alemán Erwin Panofsky, uno de los más insignes historiadores que ha dado el siglo XX al estudio del arte. Pertenece a una obra suya, aparecida en 1960 bajo el nombre de Renaissance and renascences in western art, fruto de una serie de conferencias dadas por Panofsky en 1952 con el objeto de efectuar las conexiones iconográficas existentes entre la edad antigua, la edad media y el periodo histórico y creativo que dio en llamarse renacimiento.


Fragmento de Renacimiento y renacimientos en el arte occidental.
De Erwin Panofsky.


Capítulo 1.
Habría que aceptar, por tanto, la propia conciencia que de sí tuvo el Renacimiento como una «innovación» objetiva y distintiva, aun si se demostrase que esa conciencia fue una especie de autoengaño. Pero no lo fue. Debemos admitir que el Renacimiento, como un muchacho díscolo que se rebela contra sus padres y busca respaldo en sus abuelos, propendió a negar u olvidar todo lo que, al fin y al cabo, debía a su progenitora, la Edad Media. Determinar la cuantía de esta deuda es un deber inexcusable del historiador. Una vez determinada, empero, creo que el saldo sigue siendo favorable al encartado; de hecho, algunas de sus deudas inconfesadas quedan ampliamente compensadas por otros tantos haberes inesperados.


Quizá no sea casual que quienes con mayor empeño han impugnado la realidad del Renacimiento italiano hayan sido aquellos cuyo ámbito profesional no abarca necesariamente los aspectos estéticos de la civilización: los historiadores de los procesos económicos y sociales, del devenir político y religioso y, sobre todo, de la ciencia; sólo excepcionalmente los estudiosos de la literatura, y casi nunca los historiadores del arte.


Al estudioso de la literatura le será difícil negar que Petrarca, además de «devolver a las aguas del monte Helicón su prístina claridad», implantó nuevas pautas de expresión verbal y sensibilidad artística como tales. Puede darse una diferencia de grado cuando el neoplatonismo cristiano que subyace a todo el «Dolce Stil Nuovo» se muestra más subjetivo y profano en el Canzoniere de Petrarca que en la Vita Nuova o la Divina Commedia de Dante: el mismo nombre de Laura evoca la gloria de Apolo allí donde el de Beatriz evocara la redención de Cristo. Pero se da una diferencia de sustancia cuando Petrarca, al establecer la sucesión de elementos de un soneto, puede fundamentar su decisión en consideraciones de eufonía («pensé cambiar el orden de las cuatro primeras estrofas de modo que el primer cuarteto y el primer terceto figurasen en segundo lugar y viceversa, pero renuncié a hacerlo porque entonces el sonido más lleno habría caído en el medio, y los más débiles, en los extremos»), mientras que Dante había analizado el contenido de cada soneto o canción descomponiéndolo en «partes» y «partes de partes», de acuerdo con los preceptos de la lógica escolástica. Es cierto que varios obispos y profesores habían escalado montañas mucho antes que Petrarca efectuara su «histórica» ascensión del Mont Ventoux; pero no lo es menos que él fue el primero en describir esa experiencia en palabras que, según nos gusten o no, podemos elogiar por henchidas de sentimiento o condenar por sentimentales.


De manera semejante, y por muchos que sean los detalles del cuadro esbozado por Filippo Villani y completado por Vasari que considere necesario revisar, el historiador del arte ha de aceptar estos hechos básicos: que recién inaugurado el siglo XIV tuvo lugar en Italia una primera ruptura radical con los principios medievales de representación del mundo visible mediante la línea y el color; que a principios del XV se inició un segundo cambio fundamental, nacido de la arquitectura y la escultura, más que de la pintura, y caracterizado por una intensa preocupación por la Antigüedad clásica; y que en los umbrales del XVI comenzó la fase tercera y culminante de todo el proceso, en la cual se sincronizaron al fin las tres artes y se eliminó temporalmente la dicotomía entre los puntos de vista naturalista y clasicista.


Si comparamos el Panteón de Roma (hacia 125 d.C.) con, de una parte, la iglesia de Nuestra Señora de Tréveris (uno de los poquísimos edificios importantes de planta central que produjo la época gótica, hacia 1250 d.C.) y, de otra, con la Villa Rotonda de Palladio (hacia 1550 d.C.), no podremos dejar de coincidir con el autor de la carta a León X en su opinión de que, si bien la distancia en el tiempo era mayor, los edificios de su época se hallaban más próximos a los de la época romana imperial que a los de «los tiempos de los godos»; no obstante todas sus diferencias, la Villa Rotonda y el Panteón tienen más en común de lo que cualquiera de ambas construcciones pueda tener con Nuestra Señora de Tréveris, y ello a pesar de que entre esta última y la Villa Rotonda median solamente unos trescientos años, en tanto que son más de mil cien los que la separan del Panteón.


Algo bastante decisivo, pues, debe haber ocurrido entre 1250 y 1550. Y si consideramos dos estructuras erigidas dentro de una misma década de ese intervalo, pero a uno y otro lado de los Alpes —el Sant’Andrea de Alberti en Mantua, comenzado en 1472, y el coro de San Sebaldo de Nuremberg, terminado en ese mismo año—, sospecharemos vivamente que ese algo decisivo había ocurrido en el siglo XV y sobre suelo italiano.


Nosotros, los perspicaces historiadores del arte del siglo XX, podemos afirmar con razón que el estilo de Brunelleschi no representaba una separación tan súbita del pasado medieval como les pareció a sus contemporáneos más o menos inmediatos. Podemos señalar que San Lorenzo y Santo Spirito están dominados por un sentido genérico del espacio más semejante al que impregna algunas iglesias parroquiales de España o el sur de Alemania que al que se encarna en la Basílica de Majencio, y que muchas de las obras de Brunelleschi revelan la influencia de los edificios románicos y prerrománicos de su Toscana natal que conocía desde la adolescencia. Pero nada de esto invalidará el hecho de que la arquitectura brunellesquiana está basada en un sistema de proporciones no medieval, sino clásico y concebida en términos de perspectiva enfocada, frente a esa otra que podríamos denominar difusa. Por grande que haya podido ser la deuda del pionero del Renacimiento para con el «protorrenacimiento toscano», decir que «todas las influencias de la Roma clásica podrían ser excluidas del estilo [renacentista] sin alterar con ello su desarrollo» es una exageración.


Los estudios más recientes han venido a confirmar la tradición antigua según la cual la temprana visita de Brunelleschi a Roma, que los críticos modernos impugnaban o retrasaban, tuvo lugar antes del inicio de su carrera como arquitecto. Y si bien puede ser cierto que su conocimiento de S. Piero Scheraggio, Santi Apostoli, San Miniato y la Badia de Fiesole le preparase para su experiencia de las ruinas romanas, puede serlo igualmente que su experiencia de las ruinas romanas le facultara —a él, en cuya juventud el estilo vivo era el de la catedral gótica de Florencia y Santa Croce— para apreciar de nuevo el valor de San Miniato, S. Piero Scheraggio, Santi Apostoli y la Badia de Fiesole.


Cuando un falsificador veneciano ejecutó, hacia 1525-1535, lo que esperaba hacer pasar por relieve griego del siglo V o IV a.C., combinó sabiamente dos figuras tomadas de una estela ática auténtica (en Venecia la escultura griega era más accesible y gozaba de mayor estima que en Roma o Florencia) con variaciones superficialmente disimuladas de dos famosísimas estatuas de Miguel Angel, el David y el Cristo resucitado de S. Maria sopra Minerva (frontispicio). Es un incidente trivial, pero que nos permite captar de un solo golpe de vista lo que había conseguido el Renacimiento. A los ojos de sus contemporáneos, las obras de un gran escultor del Cinquecento parecían tan clásicas, si no más, como los originales griegos y romanos (cabe mostrar que en el Norte las «imágenes desnudas», de Alberto Durero, desempeñaron un papel semejante); o, dicho de otra forma, los originales griegos y romanos les parecían tan modernos, si no más, como las obras de un gran escultor del Cinquecento. El falsificador veneciano se valía del hecho de que su época no distinguía diferencia básica alguna entre la buona maniera greca antica de un relieve ático y el moderno si glorioso de Miguel Angel; y habían de transcurrir cuatrocientos años antes de que alguien separara los ingredientes de su compuesto.


Fuente: Panofsky, Erwin. Renacimiento y renacimientos en el arte occidental. Versión española de María Luisa Balseiro. Madrid: Alianza Editorial, 1981.

VANGUARDIAS MUSICALES XX

Los cantantes de las revistas de music-hall y de las operetas de principios del siglo XX se basaban en las técnicas de canto operísticas. Por otra parte, la invención del micrófono permitió amplificar y proyectar en una gran sala el género vocal suave e íntimo de los cantantes de música melódica. En cuanto a la música de concierto, los compositores han experimentado con estilos como el Sprechstimme (habla entonada con contornos melódicos), así como con los susurros, gritos, sonidos u otros colores vocales anteriormente excluidos del arte del canto occidental.

LÍNEA DEL TIEMPO




ROMANTICISMO

Movimiento artístico que dominó en la literatura, la pintura y la música durante el último periodo del siglo XVIII y principios del XIX. Se caracterizaba por una amplia variedad de rasgos, muchos de los cuales pueden encontrarse ocasionalmente en la música de otras épocas; a pesar de ello, las ideas románticas determinaron el pensamiento de los compositores a lo largo del siglo XIX.

Era natural que la reacción de los compositores románticos contra las ideas de la Ilustración respecto a la razón y el orden se tradujera en irracionalidad y caos, por lo que casi resulta una contradicción hablar de un movimiento unificado. Después de la universalidad de la Ilustración, el romanticismo es la edad del individuo. El suceso más significativo para los compositores, y para todos los artistas, fue la Revolución Francesa. En su país de origen tuvo un efecto inmediato sobre la ópera. En lugar de los argumentos del barroco, que generalmente buscaban su inspiración en la antigüedad clásica y reflejaban una jerarquía organizada de dioses, gobernantes y pueblo, ahora los temas se situaban en el excitante y peligroso tiempo presente. Un género que acabó llamándose ópera de rescate trataba, por lo general, del cautiverio de la heroína a manos de un tirano y del rescate por su amante.

El compositor más fuertemente influido por estas ideas fue también el más grande de su época, Ludwig van Beethoven. Su Fidelio (1814) es la más noble de todas las óperas llamadas de rescate. Pero Beethoven también dio respuesta en su música sinfónica al renovado énfasis del romanticismo en la superación del individuo.

Quizá el romanticismo musical más independiente se dio en Rusia, donde Piotr Chaikovski (un decidido antiwagneriano) exploró unas sinfonías románticas nuevas que dramatizaban su sentido personal del destino que amenazaba su vida. También escribió canciones influidas por modelos románticos franceses y óperas, como Eugenio Onegín (1878) y La dama de picas (1890), que proceden del mundo literario romántico de Alexandr Pushkin.

El legado del romanticismo musical es tan complejo como sus orígenes. Los movimientos del impresionismo, el expresionismo y el verismo deben mucho a las ideas románticas; incluso subsiste cierto romanticismo reprimido en la obra de un compositor tan antirromántico como Stravinski, mientras que un romanticismo más abierto ha guiado las ideas de compositores tan cercanos a la música del siglo XX como Leoš Janáček y Béla Bartók, o el pleno romanticismo del único gran compositor inglés de la época, Edward Elgar. A pesar de ello, ya estaban creciendo nuevas ideas durante la primera década del nuevo siglo, y el romanticismo no alcanzó el año 1914 como idea artística central.



Chopin: nocturnos
Las obras para piano del compositor polaco Frédéric Chopin son de una gran originalidad desde el punto de vista armónico y de una gran espontaneidad romántica. Su estilo impresionista y hondamente introspectivo queda patente especialmente en sus baladas, preludios y nocturnos.